Los te quiero que nunca dije y los que nunca escuché

¿Amor líquido o amor desechable?

Jairo Lago

4/8/20262 min read

Los te quiero que nunca dije y los que nunca escuché.

Anoche, en una de mis tantas batallas contra mi necesidad de descanso, la vigilia no me dejaba pasar unas horas en brazos de Morfeo. Siempre dicen que las mejores ideas llegan en la ducha o en la cama y quizás esta sea una de ellas.

Pasamos nuestros días rodeados de personas que nos importan, rodeados de personas a las que importamos pero, en un contingente actual donde la expresión emocional se tilda de intensidad, debilidad, impaciencia, nos dejamos olvidados en los rincones de nuestra mente cientos de "te quiero" que nunca llegamos a decir y otros tantos (si no más), les acompañan en sus respectivas mentes, no llegando nunca a algodonar nuestros días con esa potencialidad de amor no declarado.

Amor líquido decía Bauman, quizás se ajustaría mejor de "usar y tirar"... nos acercamos a las personas desde una lógica consumista, con el único propósito de llenar vacíos que no les corresponde. Colmatamos sus días de atención, muestras de interés, noches de pasión, hasta que... ya no nos son útiles y sin previo aviso, esa fortaleza segura que parecía erigirse en torno a tus más atroces miedos, comienza a descubrirse como el castillo de naipes endeble y frágil que siempre fue. Un castillo formado con el naipe mínimo y necesario para satisfacer los deseos de su constructor, hasta que ya no somos necesarios y pasamos a un sencillo plano anónimo, como si nada fuésemos, como si nada hubiésemos sido y tras una leve ráfaga de viento vuelve la intemperie, tan árida y vacua como siempre lo fue. Entonces y sólo entonces entiendes que, dicha fortaleza que nada tenía que envidiar a los mejores castillos medievales, tan solo era un espejismo y todos aquellos "te quiero" que no escuchaste, que no dijiste, no eran más que ensoñaciones más propias de Don Alonso Quijano que de un ser racional.

Este intercambio vital que venimos experimentando actualmente, es el causante de que, a falta de una seguridad ante la desechabilidad inherente a la que se nos adscribe, produce en nosotros un estado de terror constante frente a la expresión emocional sincera y sin apenas remedio, dejamos que algo tan precioso como el amor, poco a poco vaya pereciendo por una inanición atencional mutua, te quiero pero temo que este castillo se revele ante mi como un naipe, me quieres pero temes que sea yo el falso arquitecto.

No me gustaría pensar que este es el camino que hemos decidido hacer nuestro pues, en el fondo de cada uno de nosotros puedo sentir el discomfort actual con el otro y la forma en que nos tratamos, por ello y como tantas veces hemos visto últimamente (debido a las guerras que nos asolan), cualquier declaración de amor es urgente, pues el mundo está a punto de llegar a su fin y, es así, frente a lo inevitable cuando somos conscientes que el otro es quien nos conforma, quien nos da un lugar en el mundo y es en el otro en quien depositamos (necesariamente), nuestros "te quieros", por ello quiero que sepas que sí, te quiero y te quise, que la objetificación que sientes, sentiste o sentirás, no es más que una idea implantada pues mi castillo, si es real, mi fortaleza es un hogar.